





¡Todos trabajan sin remuneración económica, nos une la pasión por ayudar !
A lo largo de los años, nuestra fundación ha sido testigo del éxito de esta iniciativa al observar la transformación de las familias que han evolucionado, se han preparado profesionalmente y han ingresado al campo laboral. Estas familias han tomado control de sus vidas y han dado paso a nuevas familias que llegan a nuestra fundación en busca de ayuda. Una vez lograda esta gran transformación, sus corazones son tocados por la magia de la bondad y la generosidad, y ellos mismos desean formar parte del voluntariado de nuestra fundación como agradecimiento y para retribuir al mundo por su cambio de vida.
Hoy en día, la fundación cuenta con más de 10 voluntarios profesionales que fueron miembros de las familias atendidas por la fundación. Estos voluntarios, quienes son madres y hermanos de los niños, trabajan hoy como psicólogos, trabajadores sociales y jóvenes abogados que brindan asesoría jurídica a las familias de la fundación, entre otros casos de éxito.
En Santander, Colombia, donde el sol brilla con fuerza, encontramos a pequeños guerreros enfrentando una batalla que va más allá de su corta edad. No es un secreto el dolor que experimentan estos valientes niños en su lucha contra el cáncer; muchos resisten intensos tratamientos, mientras otros se despiden demasiado pronto.
Nos embarcamos en la misión de aliviar el sufrimiento de estos niños y descubrimos productos que no solo oxigenaban y desintoxicaban, sino que también nutrían sus frágiles cuerpos y elevaban sus defensas. Sin embargo, nos dimos cuenta de que el ingrediente más valioso era el amor y el apoyo inquebrantable que podíamos brindarles.
En nuestra travesía, encontramos a 60 niños hospitalizados que necesitaban nuestra ayuda urgentemente. Tristemente, doce de ellos ya estaban desahuciados al unirse a nuestro programa. Aun así, logramos mejorar su calidad de vida, brindándoles amor, reduciendo su dolor y regalándoles momentos de alegría.
Les ofrecimos lo más preciado: tiempo de amor. En cambio, los otros 48 campeones de vida vencieron victoriosos la batalla y experimentaron una transformación notable. No tardamos en escuchar que estos 48 guerreros se habían curado y que el tiempo de enfermedad se había reducido en un 80%, permitiéndoles llevar una vida normal.
Volvieron a la escuela y abrazaron la inclusión, ya que la Fundación Volver a Soñar logró que se cumpliera la ley existente para niños con enfermedades sistémicas. Esta ley garantiza que los niños reciban un trato especial durante su vida escolar, con más acompañamiento y respeto por su enfermedad.
Pero nuestra labor no terminó ahí. Descubrimos que, aunque los niños se curaran de cáncer, su enfermedad era solo uno de los muchos desafíos que enfrentaban. La enfermedad traía consigo dificultades sociales y económicas. Así, establecimos nuestro lema: “No es solo un niño enfermo el que necesita amor, sino toda una familia".
Nos preocupaban especialmente las madres cabezas de hogar, abandonadas, maltratadas y sin educación ni proyectos de vida. Durante la enfermedad de sus seres queridos, estas mujeres vivían de la caridad. Así nació la Fundación Volver a Soñar, con el objetivo de facilitar y organizar la obtención de recursos para llevar a cabo proyectos de manera óptima, mejorando sus vidas.
Han sido 14 años de transformación y compromiso inquebrantable. Estamos aquí para compartir cómo, en estos años, hemos visto una transformación total en las familias que apoyamos.
Seguimos a cargo de 60 familias, ya que, independientemente de si el niño se cura, queda con secuelas o fallece, nunca salen del programa mientras necesiten nuestra ayuda. Padres e hijos han recibido educación gracias a los esfuerzos de la Fundación Volver a Soñar, alcanzando niveles de superación y una vida digna. Transformamos mentes a través de programas psicológicos, no solo con psicólogos voluntarios, sino también con jóvenes y padres que han experimentado el beneficio de la educación gracias al apoyo de la fundación.